El origen de la tinta y los primeros tatuajes

A lo largo de la historia el tatuaje ha experimentado una constante evolución así como un perfeccionamiento de las técnicas y los elementos necesarios para ser llevado a cabo. Ya desde la antigüedad el ser humano ha querido marcar su piel, sometiendo su cuerpo a diferentes técnicas que le han permitido lucir marcas y dibujos con diferentes fines.

El origen de la tinta, como la conocemos en la actualidad, data aproximadamente del año 2500 a. de C. y fue inventada por los chinos, pero esta no fue la primera tinta utilizada para ser insertada dentro de la piel. Mucho tiempo atrás, hace más de 4000 años antes de nuestra era, el hombre ya utilizaba elementos como ramas, piedras, espinas o huesos, los cuales afilaba y mediante su uso era capaz de insertar ciertos fluidos en el interior de la piel. Su ingenio y su interés por caracterizar su epidermis le llevó a valerse del carbón, de ciertos tipos de sustancias vegetales o flores que mezclaba con agua, para obtener las primeras tintas de la historia.

Varias son las civilizaciones antiguas en las que los tatuajes tenían un lugar destacado en sus diferentes estatus sociales. Encontramos tatuajes tanto en el Antiguo Egipto como en el Antiguo Imperio Chino. Pero también otras civilizaciones y tribus de lugares remotos del planeta marcaban su piel con aquellos elementos que obtenían. Tribus amazónicas, hindús, maoríes, aztecas, celtas o japoneses, tatuaban sus cuerpos con fines bélicos o simplemente para rendir tributo a sus dioses.

La tinta, una vez era introducida dentro de la piel y las heridas cicatrizaban, quedaba para toda la vida. Tras siglos de guerras entre diferentes civilizaciones y la aparición de las primeras rutas de comercio, la tinta fue expandiéndose y los tatuajes experimentaron una mayor propagación entre las diferentes civilizaciones y etnias que poblaban la Tierra.