EL ORIGEN DEL TATTO (II): NORTEAMÉRICA

Con la conquista de América del Norte por parte de los ingleses, el arte del tatuaje viajó a tierra americanas en los barcos que portaban a los nuevos colonos al Nuevo Mundo. Al igual que otras muchas tradiciones, el tatuaje se consolidó como el principal arte en la piel gracias a estos trabajadores del mar. La mayor parte de los tatuadores que llegaron a tierra de lo que más adelante se convertiría en Estados Unidos eran de origen polinesio o japonés, y la demanda de sus tatuajes fue en aumento en todas las ciudades portuarias del Nuevo Mundo.

El primer tatuador profesional (esto es, registrado) del que se tiene constancia en Estados Unidos fue un alemán llamado Martin Hildebrandt, que residía en Nueva York, donde se instaló y puso en marcha un estudio de tatuaje en 1846. Durante la Guerra Civil estadounidense realizó infinidad de trabajos a soldados y marineros de uno y otro bando, lo que le proporcionó una fama que lo llevaría a ser muy solicitado. Por ello, Hildebrandt se trasladaba de un campamento a otro con el fin de realizar su trabajo, tatuando a soldados de ambos bandos, lo que aumentó considerablemente su popularidad como el tatuador “oficial” de la contienda, y, todavía más importante, con él se inaugura la tradición de los soldados estadounidenses de realizarse tatuajes de manera prolífica.

La moda del tatuaje pasó con rapidez del mundo semimarginal de los soldados y los marineros a extenderse entre los jóvenes de la clase pudiente, moda que perduró hasta la primera guerra mundial, pues, al inventarse la máquina de tatuaje, los ricos ya no veían con buenos ojos que este arte no se llevara a cabo de forma totalmente artesanal, ya que ello implicaba que el precio de su ejecución cayera y que el proceso resultara mucho más sencillo y “fácil” de sobrellevar. En definitiva, los adinerados, viendo que el tatuaje se acababa convirtiendo en algo accesible para todas las clases sociales, perdieron el interés en ello, en un claro comportamiento esnob. Así pues, durante esta época el arte del tatuaje se fue extendiendo entre todas las clases sociales y finalmente fue adoptado por las más humildes, donde reinaba el crimen. A partir de entonces, este arte es relacionado con los bajos fondos, donde se convirtió en toda una declaración de intenciones. No obstante, la tradición del tatuaje entre los militares no perdió popularidad, tanto que perdura hoy en día.

El tatuaje ha servido tradicionalmente como forma de protección frente a múltiples peligros en los barcos estadounidenses durante el siglo XIX. En aquel momento, se empleaban los llamados “documento de protección”, que consistían en unos impresos en los que se describía al marinero para poder identificarlo. No obstante, estos papeles se prestaban muy a menudo a la falsificación, por lo que muchos oficiales no los tenían en cuenta. Para poder dar fe de la identidad del marinero, empezaron a completar las descripciones con alusiones a los tatuajes y cicatrices que llevaban grabados los hombres, además de otro tipo de información. Este hecho provocó que los marineros tuviesen la necesidad de hacerse más tatuajes con el fin de que los pudiesen identificar. “A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, los tatuajes se empleaban tanto como decoración como a la forma única de identificar el cuerpo de un marinero en caso de estar perdido en el mar o detenido por la marina británica. La mejor fuente para identificar a un marinero estadounidense son los documentos de protección emitidos después de un acto del Congreso de 1796 para proteger a los marineros estadounidenses de la detención. Estos prototipos de pasaportes catalogaban tatuajes junto con marcas de nacimiento, cicatrices, raza y altura. Utilizando técnicas y herramientas sencillas, los artistas del tatuaje trabajaban a bordo de los barcos y usaban cualquier cosa disponible como tinta china, e incluso pólvora y orina. Los hombres marcaron sus brazos y manos con iniciales de sí mismos y de seres queridos, fechas significativas, símbolos de la vida marinera, postes de libertad, crucifijos y otros símbolos”, escribe Catherine McNeur, historiadora del tatuaje.

También el tatuaje sirvió en Estados Unidos como documento de libertad para los esclavos negros. Estos tatuajes los identificaban como hombres libres y ciudadanos de primer orden. En general los emplearon marineros negros y de otras profesiones para demostrar que no eran esclavos.