EL ORIGEN DEL TATTOO (I): EUROPA

Aunque no hay consenso entre los estudiosos, se cree que la introducción del tatuaje en el Viejo Continente se produjo a partir de los viajes que el capitán James Cook realizó a finales del siglo xviii a diversos enclaves del Pacífico Sur. No obstante, hay indicios para suponer que no eran pocos los hombres (y quizá también mujeres) europeos que ya se habían tatuado antes de este evento histórico.

James Cook, cartógrafo, navegante y explorador de la Marina Real británica, realizó tres viajes al océano Pacífico en los que, entre otros descubrimientos de gran relevancia para el estudio de la geografía, la botánica y la antropología, estableció el primer contacto del que se tenía noticia por entonces con los habitantes de la costa oriental de Australia y las islas Hawái. También fue pionero en realizar la primera circunnavegación a Nueva Zelanda. Durante sus viajes le acompañaban diversos científicos que realizaron bocetos y pinturas tanto de los paisajes que iban encontrando a su paso como de los diferentes habitantes de las tierras que descubrían. A partir de estas observaciones se elaboraron diversos documentos que han llegado a nuestros días y en los que se pueden observar diversos tatuajes en la piel de los autóctonos del lugar, además de importar la palabra tattow (“tatuaje” en samoano) a las lenguas occidentales.

En su primer viaje (1788), uno de los científicos que acompañaban a Cook, sir Joseph Banks, así como el dibujante Sydney Parkinson, además de otros tripulantes, volvieron a sus hogares con diversos tatuajes que se habían realizado a lo largo de su periplo (no obstante, se cree que no eran los primeros tatuajes de estas personas, pues parece ser que ya tenían la piel marcada antes de emprender el viaje con Cook). Banks, además, se había traído consigo a Omai, un hombre raiateano (oriundo de Raiatea, una de las islas de Sotavento, en la actual Polinesia Francesa), profusamente tatuado, y al cual presento al rey Jorge, así como a la sociedad británica en general. Durante los siguientes viajes de Cook, fueron muchos los hombres que volvieron a Inglaterra con diversos tatuajes.

De esta forma es como parece ser que el arte del tatuaje se introdujo primero en Gran Bretaña y más adelante, por diversas vías, al continente. Parece lógico que estos primeros hombres tatuados se desplazasen por todo el territorio (pues eran de procedencias variopintas) y “contagiasen” su amor por el tatuaje a otras personas, y así sucesivamente.

No obstante, debemos esperar hasta 1894 para encontrar un registro (concretamente en el Directorio de la Oficina de Correos de Londres) del que probablemente sea el primer tatuador profesional de Gran Bretaña e, incluso, de Europa: Sutherland Macdonald, artista del tattoo que tenía diversos locales abiertos al público, uno de los cuales se encontraba en la calle Jermyn de Londres. No obstante, a finales del siglo xix ya eran muchas las personas que se tatuaban, así como se conoce que había un buen abanico de artistas del tatuaje en Inglaterra.

Por aquella época, el tatuaje se seguía asociado a los marineros, a las clases menos pudientes y en gran medida a la delincuencia. Sin embargo, también había alcanzado cierta popularidad entre algunos sectores de las clases altas, incluida la realeza. Se cree que en estos últimos casos los tatuajes se pagaban a precio de oro, y por supuesto para los miembros más destacados de la sociedad inglesa el proceso de tatuarse era igual de doloroso que para los más pobres.