ESTILO REALISTA: UN TATTOO SIN HISTORIA

El estilo realista, como su nombre indica, intenta reflejar con la mayor exactitud posible la realidad. Se trata de tatuajes que bien podrían ser cuadros de pintura enmarcados en el realismo, corriente pictórica con siglos de tradición, o en la fotografía. Así pues, el profesional que lleve a cabo este tipo de tatuajes deberá manejar a la perfección la reproducción fiel de la realidad, contar con una dilatada experiencia y controlar las luces y sombras, así como el manejo de los colores.

Contrariamente a otros estilos de tatuaje, que cuentan con una dilatada o corta historia detrás (ya sea debido a una moda o una cultura), el estilo realista carece de este bagaje, puesto que nació en el momento en el que las máquinas de tatuar se transformaron en auténticas herramientas precisas que permitieron llevar al arte del tatuaje a un nivel superior. Así, fueron los avances técnicos los que permitieron al estilo realista ocupar el lugar que tiene hoy en día.

Aunque al comienzo del auge de este estilo los tatuajes se realizaban casi exclusivamente con tintas negras, y sus degradaciones, así como algo de blanco para iluminar ciertas zonas, en los últimos años hemos podido ser testigos de una evolución hacia el color en todo su esplendor, y hoy en día se llevan a cabo tatuajes realistas con esta técnica con resultados realmente sorprendentes, pues el color añade un punto más de realismo a la pieza, como es lógico cuando hablamos de reproducir la realidad con el máximo detalle.

Los motivos que más se reclaman en este estilo, por supuesto, son retratos de familiares o famosos, o incluso de mascotas, como perros o gatos. Es muy frecuente realizar este tipo de tatuajes cuando la persona o el animal retratado han fallecido, como recordatorio y homenaje a ellos.

Son muchas las opciones con las que cuentas a la hora de decidirte por el estilo realista. No obstante, hay algo que es imprescindible y es que escojas el estudio y el profesional adecuados para ello. Cualquier tipo de tattoo debe realizarse con las máximas garantías posibles, pero si hablamos de realismo esto debe cumplirse aún con más razón. No son pocos los casos en los que podemos ver un mal tatuaje realista, en el que el modelo original y el resultado en la piel distan mucho, y eso es algo que nadie va a querer llevar marcado para el resto de su vida.