HISTORIA DEL PIERCING GENITAL (PARTE 1)

Son muchas las sociedades tribales de todo el mundo que han empleado la perforación genital a lo largo de su historia, pero según los entendidos debemos buscar el origen de este tipo de piercings en Asia, donde está presente desde la India hasta Borneo. En esta primera parte del artículo abordaremos la historia de la perforación genital desde las primeras referencias escritas sobre el tema hasta mediados del siglo xx. En la segunda entrega, el relato llegará hasta nuestros días, exponiendo la situación actual que atraviesa este sector del piercing.

Pero comencemos por definir qué se entiende exactamente por perforación genital. Se trata de un tipo de perforación corporal que se centra en la zona de los genitales, tanto masculinos como femeninos, para albergar diferentes joyas. Sin embargo, debemos entender como «zona de los genitales» toda aquella que abarca tanto los genitales en sí como el área del ano, el perineo y el pubis. En la actualidad, la mayor parte de estos piercings se realizan con un fin estético, además de otro que implica el aumento de la estimulación sexual.

Como hemos dicho más arriba, Asia es el origen de este tipo de perforaciones. Debemos remontarnos a hace dos mil años para encontrar los primeros registros disponibles de este tipo de perforaciones, que se encuentran en el afamado Kama Sutra, por lo que se supone que se trataba por entonces de una práctica común. Hallamos referencias escritas a varios tipos de piercings genitales. En concreto se menciona el apadravya, un piercing genital masculino que penetra por el glande manera vertical y atraviesa la uretra; y el ampallang, una perforación que atraviesa horizontalmente el glande en lugar de verticalmente, y que se encuentra en diferentes tribus a lo largo de Sarawak y Sabah, en la isla de Borneo.

En estas culturas, la perforación genital (así como otras muchas) tenían un propósito concreto: un rito de paso de la adolescencia a la adultez, un símbolo de que el individuo es admitido en la sociedad como un miembro adulto de pleno derecho, así como también una marca de identidad cultural, de pertenencia al grupo, una identificación tanto para los propios componentes de la tribu como para los «extraños». Se podría comparar a otras prácticas de algunas tradiciones religiosas, como la circuncisión.

Debemos realizar un salto temporal de cerca de cuatro mil años para encontrar las primeras referencias de piercings genitales en Occidente. La primera noticia que se tiene de ellos se encuentra en un informe del siglo xix realizado por el explorador holandés Anton Willem Nieuwenhuis, que describió en 1897 el proceso de una perforación genital en Borneo. El aventurero holandés se centra en los testimonios de las preferencias de los indígenas respecto a la perforación genital: «Muchos adultos están interesados ​​en la perforación genital, pero no están realmente seguros de cuál elegir de entre las muchas opciones que hay. Por lo general desean saber cuál es la mejor de todas, pero se suelen quedar sin respuesta, puesto que esto depende de muchos factores, deseos y preferencias individuales (sin siquiera incluir la anatomía en la discusión). Para algunos clientes, el aspecto más importante es que la perforación complazca a su pareja. Otros tienen la prioridad de aumentar su propia sensación en un área en particular».

En un primer momento, la perforación genital se introdujo tímidamente en los países occidentales y en todos los casos se trataba de personas que pertenecían a la aristocracia o a las altas esferas de la sociedad. Solían perforarse los pezones o los genitales, tanto hombres como mujeres. Tras este primer encuentro, el piercing genital cayó en el olvido y no fue hasta la segunda mitad del siglo xx que volvería a surgir. Poco a poco fue interesando a más gente y ya en la década de 1970 surgieron los primeros piercers reconocidos en Estados Unidos, como Jim Ward, fundador del famoso estudio de piercings The Gauntlet, en Los Ángeles.