La simbología del tatuaje

En el siglo XVIII, los navegantes europeos que exploraban el Pacífico meridional, sobre el año 1770, redescubrieron el tatuaje al contactar con antiguas civilizaciones indígenas que habitaban aquellas islas y cuyos miembros decoraban sus cuerpos con multitud de dibujos realizados en tinta de forma ancestral.

Más adelante, en nuestro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, el uso del tatuaje fue utilizado por los marineros como un símbolo de identificación. La tripulación de los barcos adornaba sus cuerpos con diversos motivos referentes a sus viajes y a sus países de origen. Y ya en la Segunda Guerra Mundial el ejército nazi recurría a los tatuajes para marcar a los prisioneros judíos. Estas marcas sobre la piel tenían un significado doble: por un lado eran utilizadas para identificar a los prisioneros de los campos de concentración y por otro lado se utilizaban para humillarles, visto que la ley judía prohibía cualquier tipo de marca sobre la piel.

En esa misma época, a posteriori, nació el estilo Old School. Durante el transcurso Segunda Guerra Mundial la humanidad se encontraba sumida en tiempos difíciles y los soldados que libraban las sangrientas contiendas decoraban sus cuerpos mediante el uso de tatuajes con una temática patriótica. Esta técnica se popularizó y muchísimos eran los valientes que se tatuaban antes de entrar en una batalla en la que arriesgaban sus vidas.

Una vez finalizada la guerra, el tatuaje también adquirió un papel destacado en los centros penitenciarios. Donde sus presos utilizaban las técnicas de los tatuajes para caracterizar sus cuerpos, ya fuese como muestra de rebeldía o como símbolo de acuerdos entre bandas. Los reclusos fueron uno de los grupos pioneros en el uso del tatuaje diferenciándose del resto de la sociedad. También permitían poder conocer de esta iconografía a qué grupos pertenecían, cuáles eran sus ideales o transmitir su pasado biográfico.