SOCIEDADES Y TATUAJE (PARTE 2)

En la anterior entrega de este artículo vimos algunos ejemplos de asociaciones entre sociedad y tatuajes enmarcadas en tiempos antiguos. En esta segunda y última parte nos centraremos en el tiempo presente, sobre todo en las relaciones que se establecen en diversos grupos marginales tanto de Europa como de América y en contextos de exclusión social, una parte imprescindible del mundo del tatuaje.

Como venimos diciendo, la asociación entre tatuaje y delincuencia ha sido una constante en la historia de este arte corporal desde hace siglos, sobre todo cuando algunos grupos sociales de marginados lo adoptaron como muestra de pertenencia. Porque, a pesar de que el tatuaje está cada vez más aceptado en las sociedades occidentales, todavía podemos encontrar países en los que existe una cierta estigmatización. Veamos algunos casos concretos.
En Rusia y en otros países del este de Europa, el tatuaje está estrechamente relacionado con la mafia. Este tipo de tatuajes se realizan como ritual de pertenencia y lealtad al grupo. Sin embargo, la cárcel, que en estos países es especialmente dura, empuja a estas personas a sentirse alienadas con respecto a los grupos mafiosos a los que han pertenecido, y ello les lleva en muchas ocasiones a borrarse los tatuajes que antaño habían portado con orgullo.
En la actualidad, en Estados Unidos, son muchos los presidiarios y criminales que emplean marcas distintivas como señal de pertenencia a un grupo mafioso concreto. Pero también, en el otro lado del espectro, encontramos a miembros de las fuerzas militares estadounidenses que usan asimismo tatuajes para identificarse como perteneciente a una determinada unidad militar, una tradición que cuenta con una extensa historia. También en el Reino Unido, en las fuerzas armadas se emplea el tatuaje en este mismo sentido. En Japón, como vimos, las bandas criminales han empleado el tatuaje para marcar la diferencia.
Aunque no se trata de un grupo social per se, el caso de las mujeres tatuadas merece unas líneas, ya que sí que ha sido una parte de la sociedad (de hecho, la mitad de la sociedad) que ha estado marginada en muchos sentidos a lo largo de la historia, como bien sabemos. En este sentido, hay evidencias de que en el Reino Unido, a lo largo del siglo xx, muchas mujeres se tatuaban a escondidas y jamás enseñaban sus tatuajes, pues era motivo de escarnio. En la actualidad, un estudio realizado a mujeres adolescentes arrojaba resultados interesantes en este sentido. Se demostró una correlación positiva entre la práctica del tatuaje y los “sentimientos negativos hacia el cuerpo, así como una baja autoestima”. Sin embargo, también se ha demostrado que precisamente uno de los motivos por los cuales estas chicas se tatuaban era “la búsqueda del yo y el intento por conseguir un dominio y control sobre el cuerpo en una época de creciente alienación”. Tanto el mayor número de mujeres que se tatúan hoy en día, como las profesionales femeninas en el sector, que son cada vez más, parece que, por fortuna, está cambiando esta asociación negativa entre mujeres y tatuaje.