SOCIEDADES Y TATUAJES (PARTE 1)

Desde el inicio de la andadura del ser humano en la Tierra, las modificaciones corporales, entre ellas el tatuaje, han estado presentes en las diferentes sociedades que se han ido conformando a lo largo de los siglos, como hemos visto en artículos anteriores. Y son muchas las razones para ello, pero sobre todo han destacado las de tipo religioso o ritual o aquellas que hacen referencia al estatus social del individuo: tanto en el buen sentido como en el malo, más en cuanto a este último.

En las dos partes del presente artículo nos adentraremos en la relación que se ha establecido entre el tatuaje y las sociedades en las que se ha desarrollado con el fin de entender un poco más nuestro amor por este arte milenario.
Así las cosas, en Japón, durante la época Meiji (en el siglo xix), se prohibieron los tatuajes, pues se relacionaban con las bandas criminales, en concreto con los yakuza. Esta prohibición se extendió hasta bien entrado el siglo xx: hubo que esperar hasta 1948 para que una ley la revocara. No obstante, a pesar que desde entonces en Japón cualquiera puede tatuarse con libertad y que el tatuaje ya no es exclusivo de las mafias, en algunos ámbitos no se ve con buenos ojos, precisamente por la conexión del arte del tatuaje con los yakuza, muy presentes en determinadas ciudades niponas. Prueba de ello es que, a partir de junio de 2012, se prohibieron los tatuajes nuevos para los trabajadores de la ciudad de Osaka, y los ya hechos deben cubrirse.
También en la antigua China los tatuajes tenían connotaciones negativas, una vez más asociados a las mafias, y esta asociación se ha extendido a nuestros días, por lo que en la actualidad no se ven con buenos ojos los tatuajes en las sociedades del gigante asiático.
En Europa, por su parte, hay que viajar hasta la época del Imperio romano para encontrar las primeras asociaciones negativas entre tatuajes y criminales y esclavos. Más contemporáneamente, encontramos datos que muestran que se identificaba a los presidiarios estadounidenses y australianos por los tatuajes, así como a los desertores del ejército británico. Pero sin duda una de las relaciones entre tatuaje y sociedad más vergonzosas para la especie humana fue sin duda la que se creó en los campos de concentración nazis: allí se tatuaba un número de identificación a los recluidos, incluso a los niños.
Por último haremos referencia a los tatuajes que emplearon los nativos americanos para identificarse como pertenecientes a una tribu, y a los croatas católicos de Bosnia, que tatuaban su piel con diferentes motivos de su religión, sobre todo a niños y a mujeres, con el fin de poder identificarlos y protegerlos de la conversión al islam que promovía el gobierno otomano por entonces.